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Mostrando las entradas etiquetadas como Hablan ellos

Alérgico a los chistes

María se acerca llorando y repitiendo que ella no lo sabía. El amigo que va delante grita desesperado: - Jooo María, lo zabes perfectamente... zabes que z oy alérgico. Y un pequeño coro infantil repite con insistencia que eso que el niño apunta es cierto. - Es muy alérgico, muy alérgico.... María se esfuerza en explicar que no lo ha hecho a propósito y que no quería hacerlo. Y lágrimas de pena resbalan por sus mejillas. Doblo las rodillas y me pongo a la altura de todos mientras pregunto con algo de susto: - ¿Alérgico a qué?- las alergias pueden ser muy peligrosas en un centro escolar, me digo. El niño me cuenta que es alérgico a los chistes y no puedo evitar reírme a carcajadas. Pero él sigue muy serio narrándome la historia de su extraña dolencia.  De todo lo que me cuenta, deduzco que un día en su casa, se rió tanto con un chiste que se golpeó la frente y le salió sangre. Así que, desde entonces, se considera terriblemente alérgico a los chistes. Insisto un poco e...

Una ficha aburrida

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Una ficha aburrida. Se van sucediendo, una tras otra. Las mismas copias y las mismas frases absurdas.  Balduino besa a Belén. Isabel bebe batido. Bernabé tiene bigote. Corrijo alguna letra torcida. Señalo algún punto al final de frase. Marco la c de alguna maricita . Y me dejo llevar por la apariencia de los trazos, la presentación, la limpieza... Me acongoja la sensación de estar perdiéndome  la creatividad, las opiniones y la persona que cada uno de mis alumnos lleva dentro. Me agobia participar en este injusto y limitado sistema educativo. Intento compensar la pobreza de estas actividades con otros momentos del día, con otros contenidos, buscando otros intereses. Y no es que crea que la letra y su grafía no son importantes. A menudo, y con gestos teatrales, insto  a mis alumnos a corear un - ¡Qué buscamos! - ¡La perfección!  responden.  Y nos reímos, porque ni ellos, ni yo, ni nadie se acercó todavía a la perfección. Voy señalando con rojo, tal y ...

LAS MEDUSAS

Desde el mismo momento en que entré, Alba trató de explicarme algo que le había ocurrido durante el verano. Sin embargo, mi interés en ese momento se centraba en conseguir que todos estuvieran sentados y con los libros preparados.  - Profe, ¡he dormido fatal!- me decía con voz lastimera mientras se tocaba la pierna- Toda la noche me ha estado doliendo aquí. Le contesté que por qué me veía siempre con cara de médico, le pedí que atendiera y que tratara de aguantar el dolor hasta el final de la clase. Explicar, resolver, corregir... Mantener, en definitiva, un constante pulso con ellos, que a última hora de la mañana no quieren, o no pueden, o quieren pero no lo consiguen, atender una clase de matemáticas. La cara de Alba durante la sesión era como es ella... Teatral, expresiva y divertida vista desde fuera. Cuando ya no pudo más se lamentó en voz alta y me volvió a describir sus terribles dolores. Lo más divertido de la escena, es que añadió un por qué... - Yo creo que es ...

Todos hemos rezado

- Profe...ayer nos pusiste un castigo. Dijiste que a la hora del recreo nos quedásemos a tu lado...  Iker me mira con los ojos resignados y muy abiertos mientras sostiene en la mano derecha el zumo y el bocadillo envuelto en papel de aluminio. Los demás están ya en la fila, fieles al alborozo que les suele acompañar en este intercambio de tiempos y no recuerdan siquiera que ayer, en un arrebato, les dejé sin patio.  Me quedo mirándolo muy seria e intento darle las explicaciones que el griterío infantil me permite. Sus compañeros están ajenos a nuestras conversaciones y no tienen ninguna intención de quedarse a mi lado cuando pisen el patio. Sin embargo, Iker lo ha tenido muy presente toda la mañana. ¿Será por eso que hoy solamente ha pedido ir al baño un par de veces? ¿Será por eso que no se ha levantado sin permiso? La verdad es que yo no me he acordado de nada de lo que les dije ayer sobre este rato de asueto. Mal asunto lo de amenazar para no cumplir, pero no tengo n...

Prueba LEA

Sus caritas atónitas me lanzaban mensajes de auxilio al entrar al aula, mirando sus mesas, normalmente en equipos de cuatro, separadas y colocadas en ordenadas filas de uno. ¿Hemos hecho algo?, preguntaba alguno. Les he explicado  que iban a realizar la prueba LEA, esa de la que ya les había hablado alguna vez. He empezado a darles instrucciones de cómo debían comportarse en las siguientes dos horas. Al escribir la primera norma en la pizarra he puesto un NO podemos pedir que nos repitan algo del dictado ... Ufff!!! mal voy, me he dicho a mi misma. Clima de tranquilidad, responsabilidad y trabajo, me he repetido y me he repetido y me he...repetido. La siguiente indicación ha sido escrita en positivo; podemos esperar, podemos repasar...y de esta forma he llenado la pizarra. Después les he recordado cosas básicas sobre cómo se escribe una historia, la mayúscula después de punto, punto y aparte, colocación de unidades, decenas y centenas, leer los problemas despacito, señalar l...

¿Llevas reloj?

Da igual quién sea y poco importan los motivos por los que llora. No es que no me importen. Es que conozco el porqué de sus lágrimas y el porqué de su espera apoyado en la puerta del comedor, a las nueve menos cinco de la mañana, pidiendo con lastimera arrogancia eso de irse con mamá.  - Yo también quiero ir con mi mamá - le respondo . Pero no puedo. ¿Qué van a hacer los niños si me voy? - Ya, tú no...pero yo si!!! Pienso rápido, ¡¡ una estrategia profe , una estrategia ya !! , me digo. Y es que a nuestro alrededor  hay unos cuantos discentes más observando la escena; sacando conclusiones; midiendo la "pelea". La mañana es muy fría. Sin embargo, noto el calor. Me sube por la nuca, me baja por la espalda y me recorre los hombros. Intento darle la mano pero no funciona. La protesta, en fase de inicio cuando aparecí, va en aumento. El llanto se hace más notorio, más sonoro, más infantil. - Necesito que me ayudes, casi le ruego. ¿Me llevas la agenda? La coge sin darl...

Lo hago porque te quiero

Por primera vez y durante el curso pasado empecé a poner pegatinas en las agendas de mis alumn@s para comunicar en casa si se portaban bien o mal (o medio bien o medio mal) . Lo cierto es que algo tan sencillo aparentemente de hacer, se convierte en un lío de agendas y caritas expectantes alrededor de mi mesa.  -  Agendas abiertas. ¿De quién es esta?, y,  ¿tú que opinas?, ¿cómo te has portado?  - ¿ Qué color  me vas a poner ?   , preguntan los más osados. Y reconozco que, a veces, les fulmino   con la mirada... Si les pongo una de las azules, que significa que bien pero que podría ser mejor, me lanzan una de esas reflexiones suyas de esta a mi madre le basta . Si es una de las verdes, que quiere decir regular ,insisten en que estas no le gustan nada a mi padre . Si es una de las amarillas, que quiere decir fantástico, me animan a que le pinte los ojitos y la sonrisa, para que no haya dudas. Y si se trata de la roja...¡ufff!... ponen ca...

El Ratoncito Pérez

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Son absurdos los comentarios malintencionados que insinúan que lo del Ratón Pérez pudiera no ser. Así lo opinan mis alumnos y alumnas de segundo de primaria. Lo cierto es que coincido plenamente con ellos.  ¡Que levante la mano aquel que no haya recibido algún valioso regalo de manos de tan ilustre personaje! ¡Venga!, ¡que hablen los que no se han acostado alguna vez presos de la emoción que provoca la espera! La verdad es que no siempre trae los mismos regalos. Ni siquiera actúa del mismo modo con todos. Sofía, por ejemplo, conserva sus dientes y los guarda en una cajita que fue el primer regalo que le hizo Pérez. A Adrián le ha traído algunos euros, que está la vida mu mala. Lydia ha recibido incluso una carta del propio ratón con un membrete muy historiado y distinguido. Vesna se pone muy nerviosa y saca pecho ante alguno que insinúa que esta historia es muy rara. Para demostrar la autenticidad de los hechos nos ha traído un certificado. Hay quien asegura que sus die...

El síndrome de la bofetada o de la fresa

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Al cole llegó un aviso de sanidad que nos advierte de un virus que provoca dolor de tripa, algo de fiebre y una erupción en el cuerpo y principalmente en la cara. El síndrome de la bofetada se llama. Así que llevamos ya un tiempo con algunas ausencias y con algunas caritas coloradas como si, efectivamente, les hubieran dado un par de bofetadas. - He tenido la bofetada, profe, por eso no he venido a clase - me dicen algunos de mis alumnos de vez en cuando. - Me ha entrado la bofetada esa! - dicen otros - ¡Ayyy! Bofetada la que te daba yo - me río - Pero yo no he sido, eh? A mi que me registren. Es algo muy contagioso, por lo que lo arrastraremos seguramente hasta final de curso. En pacientes normales no presenta ningún riesgo, pero afecta a embarazadas y a personas con enfermedades crónicas de forma más seria. Así que uno de mis amores , y por su delicada salud, se ha despedido ya de nosotros. Lloré al abrazarlo y lloró él conmigo, quizá por empatía o por simp...

La crisis tiene al tiempo loco, loco

Hoy en clase hemos reparado en que el calor ha llegado de pronto. Así, de un día para otro. Uno de los chavales ha dicho que era normal que no estuviéramos avisados, puesto que los señores del tiempo mienten mucho.  - Los señores mienten, y ¿las señoras no ? -  le he preguntado yo . - No, esas creo que mienten menos-  me ha respondido .  -¡Claro! Son madres. Yo he visto a alguna embarazada en la tele. Las madres no mienten.  Marta lo afirmaba convencida. Entonces, Vicente ha levantado la mano para decir que eso que se dice en la tele lo estudian unos científicos, que se dedican a ello y que usan satélites que dan vueltas alrededor de la tierra. Se oían voces infantiles  -  no mienten, ¡hombre!, es que se equivocan...nadie sale en la tele para mentir... Yo les he mencionado las estaciones meteorológicas y resulta que algunos las han visto en la tele. Han hablado un rato del tema: que si dentro vive un señor muy pequeñito porque es una cas...

¿Los charcos no son para jugar?

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¡Qué llueva, qué llueva! La vírgen de la cueva, los pajaritos cantan, ¡qué sí¡ ¡qué no! ...QUe noOOOO En el patio del colegio, dos charcos. Lo cierto es que no muy grandes. Lo suficiente... Un día frío. Los niños  con sus abriguitos y anoracs puestos a la fuerza...bajo amenaza, quiero decir. Me he situado de pie frente a los charquitos, a pesar de que están fuera del techo de uralita, ese que nos quita algo de aire. Alrededor diez o doce infantes. Inspeccionan la zona en busca de piedrecitas, palitos, arena...cualquier cosa digna de ser lanzada a las atractivas aguas del charco. Chisto - sshhh!!!, varias veces. El silbato, así de entrada, me parece muy de campo de concentración (aunque lo llevo colgado al cuello todos los recreos) -¡ En los charcos no se juega !- me he desgañitado. Se han retirado. No mucho. Vuelven cuando yo me descuido. Han vuelto, ¡claro! Con más energía y con más ideas. Se han atrevido a meter las manos, los zapatos, saltar, salpicar... He ...

Cascar el huevo

Hoy era uno de esos días en los que no me tocaba vigilar patio. Sin embargo, mientras atravesaba el arenero en el que juegan mis niños, uno de ellos, de seis años, se ha acercado a mi muy compungido y con un exagerado gesto de dolor y me ha dicho que un compañero "le había dado una patada en el huevo". Observándolo para valorar con todo tipo de datos gestuales el alcance de la lesión le he preguntado por sus sensaciones (con un poco de sorna, la verdad)  El niño, al que podemos llamar Pepito, me ha dicho: - ¡¡Pues nada!!, que me lo ha cascado .  - ¿Cascado, el qué? - le respondí yo, con mucha guasa. Mucha ya. - ¡El huevo, profe! El agresor ha sido interrogado inmediatamente. En su defensa hay que decir que "yo no quería cascar ningún huevo, profe. Solo le he dado una patada en los cojones. ¡Y ya está!"